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STIHL HACIA LA CUMBRE
   
14/Feb/2009
El pasado 1ª de febrero un pequeño grupo de Stihl realizó “La primer expedición” al tercer volcán más alto de México el Iztaccihuatl (5,230 m sobre el nivel del mar) también conocida como “Montaña Blanca” o “Mujer dormida”.

STIHL HACIA LA CUMBRE

Stihl hacia la cumbre

Todo comenzó sólo como una idea la primera semana del año: subir una montaña.
Sin experiencia previa y armados sólo por el deseo de hacerlo nos dimos a la tarea de investigar a dónde podría ser, qué equipo requeriríamos y sobre todo quién nos guiaría. Y sin pensarlo en tan sólo 2 semanas y después de ataviarnos de botas, pasamontañas, chamarras, guantes, bolsas de dormir y tiendas de campaña ya estábamos listos.

Así, el pasado 1ª de febrero un pequeño grupo de Stihl realizó “La primer expedición” al tercer volcán más alto de México el Iztaccihuatl (5,230 m sobre el nivel del mar) también conocida como “Montaña Blanca” o “Mujer dormida” (haciendo alusión a la silueta femenina donde con un poco de imaginación puede apreciarse su cabeza, el pecho, la panza, sus rodillas y los pies”.

La travesía inició la madrugada 31 de enero, partimos de la Ciudad de México (localizada a unos 2,250 m sobre el nivel del mar) al pueblo de Amecameca, de ahí nos trasladamos al Paso de Cortés donde obtuvimos los permisos correspondientes y el equipo complementario: piolets y cramponnes.

En auto llegamos hasta la Joya, no sin antes pasar por un costado del famoso “Altzomoni”, el cual, además de ser una repetidora de televisión es un refugio para excursionistas que cuenta con literas y agua caliente.

Al llegar a la Joya nos tomamos una hora para aclimatarnos y prepararnos para la subida, a las 10:45 a.m. con nuestro equipo en la espalda y con la meta de llegar a la cima comenzamos el ascenso, por una vereda con poca pendiente y con relativa facilidad llegamos al “Primer Portillo” donde hicimos una parada para descansar, hidratarnos, comer algunas frutas secas y nueces y con la sonrisa en nuestros rostros nos tomarnos algunas fotos.

Continuamos el ascenso ahora con un poco de dificultad porque el camino con mayor pendiente y con rocas hacía que el peso que llevábamos en las espaldas fuera más pesado, a medida que avanzábamos nos volvíamos cada vez más reflexivos, siempre alertas, no sólo por nosotros mismos sino también por quienes iban adelante o atrás de nosotros, cualquier paso en falso nos podría cambiar el rumbo a todos.

Al de llegar al “Segundo Portillo” comenzamos a vislumbrar el desafío que nos habíamos trazado, el camino nos invitaba descubrir nuestras capacidades: fortaleza, experiencia, convicción y camaradería, no éramos sólo “yo” éramos “nosotros”, si uno se detenía, nos deteníamos todos, si la carga era demasiado para uno, los demás le ayudaban a sobrellevarla.

El camino al “Tercer Portillo” implicaba un paso denominado “Las jaboneras” por lo resbaloso y lo empinado de su pendiente, el aire helado nos cortaba la cara y el olor a azufre se hacía presente, el cambio de temperatura y la altitud comenzaban a cobrar su precio, en esta parte (tal vez la más rocosa de todas) era preciso usar las manos para escalar, el peso de nuestras mochilas hacía más agotador el camino, también era fácil perderse si uno no ponía atención en el camino.

Cuando uno piensa que ya no puede más aparece a lo lejos en forma de iglú con el resplandor del color aluminio el llamado “Refugio de Los Cien, A.C.” localizado a 4,780 m. es algo difícil describir las emociones que lo invaden a uno: alegría, satisfacción, seguridad y sobre todo agradecimiento. Hora de llegada 16:30 hrs.

El refugio se asemeja a una barraca (al entrar sólo se ven tres niveles de tablas a los costados donde pueden acurrucarse alrededor de unas 20-30 personas y una pequeña mesa denominada “cocina”) pero en ella pese a las incomodidades y los olores que se perciben se respira una atmósfera de camaradería como pocas veces lo he visto.

Los valientes que decidieron pasar la noche en su casa de campaña se dieron rápidamente a la tarea de apartar su lugar y armar su casa. Quienes decidimos no pasar frío apartamos nuestra “litera” dentro del refugio. Nuestro guía o “Sherpa” León, nos dio los últimos detalles del tramo por recorrer “subir hacia las rodillas”, es una actividad que se debe comenzar en la madrugada debido a lo empinado de la pendiente y los riesgos que este tramo implican, el guía determinó que sólo 2 personas podrían ir con él. Poco después de las 5 a.m. acompañados sólo por la luz que les proveía su lámpara comenzaron el ascenso, su objetivo: ver el amanecer desde lo alto de las rodillas a 5,050 m.

Sin darse cuenta del esfuerzo que realizaron “hicieron cumbre” Jorge, Ignacio y León, la sensación: indescriptible, las vistas: maravillosas, después de tomarse unas fotos decidieron emprender el regreso por la ruta “Totonacas”, la cual, es una pendiente que conduce a un desfiladero y es necesario contar con una fortaleza mental para no congelarse de miedo, ya que desde arriba puede apreciarse lo pequeños que somos.

Esperamos a nuestros “expedicionarios” para desayunar (un té) y tras un breve descanso por quienes subieron a las rodillas y después de empacar nuestras pertenencias emprendimos el regreso a la Joya no sin antes tomarnos “las fotos del recuerdo” teniendo como fondo el Popocatepetl.

Esta vez, armados con la experiencia de conocer el camino y con la conciencia de que nuestras acciones podrían afectar a los demás (el riesgo siempre está latente) y sobre todo con la ilusión de probar las famosas quesadillas de la Joya, comenzamos el regreso a las 10:30 a.m.

Así, volvimos sobre nuestros pasos ahora con una visión diferente sorprendidos por lo que habíamos logrado y sobretodo concientes de que jamás lo hubiésemos logrado nosotros solos; se necesitó conjugar nuestras distintas personalidades y capacidades para regresar a salvo de esta increíble aventura.

Una experiencia similar la vivimos día a día en Stihl, donde de manera coordinada complementamos nuestros conocimientos y personalidades, enriqueciendo así nuestro trabajo, comunicándonos abiertamente, confiando en el buen proceder de cada uno, todos con el firme compromiso de salir adelante y sobre todo con el gran orgullo de formar parte de Stihl.